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domingo, 3 de julio de 2011

"La sangre erguida". Armando Quiroz

Limpiando archivos de mi compu, porque seguramente en unos dìas irà al "hospital", encontrè este texto que un amigo escritor me regalò. No lo habìa publicado antes, pensando en que no serìa correcto, sino nada màs para mì... llamèmoslo un regalo personal. O porque pensara que "me lo fusilarìa", cosa que, por supuesto jamàs harìa.
Total, que me topè nuevamente con esta redacciòn, sobre la presentaciòn de un libro titulado "La sangre erguida"

Presentación de La sangre erguida de Enrique Serna
Ciela Fraguas. 13 de septiembre de 2010.


Quiero agradecer a la dirección del CIELA la amable invitación que me han hecho para tomar parte en la presentación en Aguascalientes, de la nueva novela de Enrique Serna, La sangre erguida.
Gracias a Maritony, a Juan Carlos y muchas gracias a Sofía con quien tengo el honor de compartir esta mesa. Gracias desde luego a Enrique Serna, porque distingue a nuestra ciudad con su presencia. Gracias al amable auditorio, por destinar parte de su tiempo a esta presentación editorial.
La sangre erguida, como expresión que da título a la novela, es por supuesto, una metáfora de la erección: la sangre que en torrente acude al sitio exacto, único de la anatomía masculina, no para simplemente ayudarle a vencer el imperio de la gravedad, sino para ataviarlo con la firmeza que exige la batalla carnal; la sangre erguida es eso, el flujo enérgico vigorizando al cuerpo para que pueda consumar  el acto perpetuo del amor y de la carne.
En la novela, Enrique Serna narra tres historias que transcurren en forma paralela y que aunque se entrelazan en ciertos momentos de la narración, mantienen una discreta distancia la una de la otra.
El hilo conductor de la novela es una fijación que raya en lo enfermizo: la obsesión sexual de tres individuos falocéntricos, y he dicho falocéntricos porque es una palabra que con gran tino semántico utiliza el autor, una sola vez en su libro, para definir en un tecleo instantáneo, el sobresalto constante y casi mortal por la erección.
De los tres personajes centrales, en orden de aparición, primero Bulmaro Díaz, un mexicano enamorado perdidamente de una cantante mulata, cuyos atributos lo han orillado al sometimiento sexual de tal forma que se va con ella a Barcelona después de malbaratar su próspero taller mecánico en Veracruz y dejar tirada a su familia. Las penurias económicas lo obligan a incursionar en la venta ilegal de la pastilla azul, ambiente que lo hace vivir algunas situaciones complicadas, mismas que se combinan de manera recurrente con la rendición amatoria de que es víctima, esclavitud de la que no podrá desprenderse un solo instante.
El segundo es Ferrán Miralles, quien en ocasiones se autonombra Amador Bravo; contador público de origen catalán que trabaja en una oficina de bienes raíces. Los 47 años de su vida han estado marcados por la impotencia, lo que le ha provocado profundos sentimientos de coraje y frustración para con él, para con las mujeres y para con la vida misma. Un buen día, obligado por las circunstancias, decide dejar a un lado las inseguridades que lo han esclavizado toda su existencia y compra la pastilla azul. Con la llegada del remedio químico se transforma, restituye su hombría y en una oleada de aventuras vindicativas, experimenta las vivencias carnales que nunca imaginó, sin advertir que los desvaríos de esa marejada súbita lo llevarían hasta la cárcel.
El tercero es Juan Luis Kerlow, un fallido estudiante de la ingeniería genética, argentino de nacimiento y avecindado en Los Ángeles donde, el señuelo del dinero fácil lo convierte en un actor porno que vive con cierto desahogo. El éxito lo lleva a Barcelona con la firma de contratos promisorios, y ahí, después de una serie de devaneos propios de su ocupación, conoce a Laia, una muchacha impecable y nítida, quien por obra y gracia del amor lo hace abjurar de su pasado pernicioso y así, refrescar su hombría con el más limpio sentimiento.
Los tres personajes viven situaciones límite en momentos decisivos. Mientras el autor los lleva y los trae haciéndoles vivir el juego veleidoso de los encuentros íntimos, de las batallas eróticas, mientras desnuda en ellos los vaivenes de la potencia y la impotencia, el lector sigue el entramado, unas veces con la sorpresa en los ojos y otras alcanzado por la risa inesperada, pero siempre cautivo de una historia trifurcada de la que no puede sustraerse hasta llegar a la página final y su desenlace inesperado.
Los recursos expresivos, las comparaciones y la adjetivación exacta, sin aditamentos de sobra, ubican a la novela en el vértice preciso del equilibrio léxico,  y aunque en varias ocasiones el lenguaje roza lo procaz, el autor nunca pierde el rigor y la seriedad de oficio que le dan al texto eso que se ha llamado calidad literaria, lo cual hace de su lectura un disfrute permanente.
Eros, la mítica deidad de los amantes y Pornos, un imaginario dios impúdico y lascivo, intiman entre líneas, ayuntan en el regodeo semántico de las descripciones, se aunan en el juego amoroso que los protagonistas padecen o disfrutan; Eros y Pornos se fusionan en un equilibrio inusitado.
Con esta novela sucede también algo a lo que Enrique Serna nos ha acostumbrado: quedar enganchado como lector desde las primeras líneas. Y es que el manejo de las situaciones de conflicto que viven los personajes de La sangre erguida, mantienen el interés continuo por el suceso próximo, por el curso del acontecimiento que se espera a cada vuelta de la página.
Esto se da también, desde luego, en otras novelas del mismo autor como Ángeles del abismo donde las peripecias de Crisanta y Tlacotzin mantienen al lector en vilo o bien,  en Uno soñaba que era rey, donde el Tunas y su mundo suburbano sencillamente nos atrapan. Lo mismo acontece en El seductor de la patria, reconstrucción mediante cartas, de aquel Santa Anna y su desliz histórico.
En todos los casos mencionados, la obra de Serna está provista de un incesante y armonioso flujo verbal que va desde la expresión culta al arcaísmo e incluso hasta la procacidad, lo cual revela un extraordinario dominio del idioma.
Pero volviendo al punto, al internarnos en las líneas de La sangre erguida, podemos encontrar una advertencia, una disertación o un divertimento sobre el falocentrismo que, enquistado en la vida de las personas, puede desembocar en la tragedia más imprevisible o en la comicidad jamás imaginada.
La novela es un juego que oscila entre el drama personal y el humorismo afilado, es una travesía por los impredecibles vericuetos de la práctica amatoria y la influencia que éstos tienen en el destino de la vida misma.
Con este libro, Enrique Serna nos enseña que al final, el ser humano, o más concretamente el hombre, corre el riesgo de desatender su dimensión vital por extraviarse en la servidumbre de las apetencias carnales.
Para concluir, diré a los posibles lectores de La sangre erguida que en la selva novelística de este principio de siglo que a veces nos agobia, podemos encontrar un apacible y excelente claro en la obra de Enrique Serna, autor con el que la literatura mexicana de nuestros días se robustece y con el que encuentra mejores líneas para el trazo de la nueva narrativa.



Armando Quiroz Benítez



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Letras Libres

1 comentario:

  1. sarax!!!!!

    guauuuuu
    vaya que cosas, vigen inmaculada de la sagrada famila del perpetuo rosario y todo ese bla bla bla

    mucha suerte en la obra y nos avisasa para cuando y queremos detalles muchos detalles de como va todo


    feliz verano

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