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Mostrando entradas de abril 25, 2010

Estamos locos

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Henos aquí. Estamos locos.
Estamos locos porque escuchamos a los arboles; imaginamos con nuestras amigas las aves.
Abrazamos con la inmensidad del cielo; tocamos con las alas del viento… ¡qué más da! Estamos locos de todas maneras.
Nos llaman locos por desearnos con pasión; por hablarnos con las manos y no con los labios.
Nos dicen locos porque nos sentimos con el alma y no con la piel.
Estamos locos porque nos degustamos con la mirada y no con la lengua.
Más locos por acariciarnos con besos y oír con el corazón.
Nos acusan de locos porque tomamos vino de la misma copa. Nos sentencian así porque nos reímos estruendosamente, de repente.
Nos tachan de locos por cantarle a la ternura en silencio.
Nos critican de locos porque, como diría Pedro Salinas: siendo recuerdo de uno mismo, podemos olvidarnos porque estamos aquí, uno al lado del otro.
Nos marcan de locos como marcan al Diablo, porque podemos vernos con los ojos cerrados.
Locos por extrañarnos día y noche. Demasiado locos por arroj…

De las noches estrelladas

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Recuerdo aquellos días en los cuales no dejaba de mirar las estrellas.

Con el paso del tiempo, la ciudad ha crecido en cuanto a población; por ello, hay más tráfico, más contaminación, y ahora, cada que miro al cielo, pareciera que veo menos estrellas: ¿será acaso que la cortina de suciedad me impide verlas más?

Disfrutaba mirar a la “oscura cúpula celeste” cuando vivía en casa de mis abuelos, junto con mi hermana. Nos acostábamos en el pasto a unir aquellos diminutos diamantes con hilos plateados, para crear seres mitológicos y fantásticos.
Deseábamos un telescopio; rogábamos porque nos regalaran uno, pero eso nunca sucedió. A lo más que llegamos fue a unos binoculares viejos que mi madre utilizaba en su juventud.

Entre la inmensidad de puntitos brillantes de arriba, me daba la curiosidad de saber sobre aquella estrella roja que vislumbraba en la lejanía. “Es Marte”, me decía mi hermana… el planeta rojo: mi favorito.

Después, llegaba el tío Hugo a enseñarnos sobre las constelaciones, y l…

Infinitamente abstracto

La gente pasa. Se queda atrás y no existe más. En un parpadeo, muchas caras. Al siguiente, nada… desaparecen.

En el museo, un constante martilleo. Imágenes alrededor y en el suelo. Figuras extravagantes en hierro, que me dicen tanto, y a la vez, nada. ¿No entiendo o no quiero entender?

Me alejo para apreciarlas mejor. Armonía en los colores… casi perfección. He entrado para salir.

Me atrapo en mi cuerpo, en un punto, mientras la gente recorre la sala, apresurada, acalorada, extasiada de la fiesta. No desean formar parte del lugar, ahí… ¿llevan prisa? Están aburridas.
No existió la tierra de arena. Me desplacé por las geografías de luz. ¿Qué son las geografías de luz? ¿Son esas abstracciones que se proyectan frente a mi mirada, o es la gente que anda enfrente, por detrás y a un lado de mí? ¿Esa gente que no ha sabido qué hacer, y aprovecha (o malgasta) su tiempo recorriendo el museo? ¿Tiempo? ¿Museo? ¿Tiempo en el museo?

El tiempo se congela. El ruido calienta. Pero yo ya me fui, ya no esto…