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jueves, 4 de febrero de 2010

Nuestra historia...


Acercarnos al pasado para entender nuestro presente y contemplar el futuro.
La historia de nuestro México no se encuentra únicamente en los libros de texto. De hecho, como se sabe, la historia de nuestro país fue modificada por conveniencia política principalmente. Diríase pues que a ciencia cierta, no conocemos la verdad absoluta de nuestra nación, sólo “la verdad a medias”.
Por eso, no podemos depositar toda nuestra confianza en los libros de texto… sobre todos los gratuitos. Tanto que nos enseñan en la primaria, para que, con el paso de los años, nos demos cuenta de que hemos vivido en un engaño, y nos deprimimos. Pero para que esto no suceda, es importante acudir por nuestra propia cuenta a otros medios para conocer nuestro pasado, por ejemplo, las obras literarias. Eso de que la historia es literatura no es una expresión meramente metafórica. Opino que este tipo de obras forman parte de la historia no sólo de nuestro país, sino de cualquiera, evidenciando el tiempo y el espacio en que fueron escritas. Por ejemplo, aquí en México, tenemos a Ignacio Manuel Altamirano y su obra “El Zarco”. En Londres, a Oscar Wilde con “La importancia de llamarse Ernesto”, otro ejemplo. Y por más fantásticas e irreales que pudieran parecer las obras literarias, no se separan del entorno en el que fueron escritas, porque el escritor, inevitablemente, se verá influenciado por él.

Pero si la literatura no es nuestro fuerte, podemos acudir a la gente, ubicándola en alguna etapa de nuestra cultura histórica. Cabe mencionar que, según con las personas que vayas a investigar, cada quien podrá darte una perspectiva diferente, ya que no todos tendrán la misma edad ni habrán tenido el mismo oficio. Quien fue ejecutivo no tendrá la misma visión que la de un obrero, así como no será lo mismo que te cuenta la historia un hombre que una mujer.

Pero no sólo ubicar gente de la época es lo único para realizar nuestro estudio, sino que también podemos encontrar y saber más de la historia en los periódicos y revistas (publicaciones en general), desde las noticias hasta los reportajes y las entrevistas datos que, rara vez vemos en algún libro de historia.

Yendo más cerca, por ejemplo, en la casa de los abuelos, también encontramos evidencia histórica en los diarios íntimos y en los álbumes fotográficos. Con eso, nuestra visión de la historia cambia, y percibimos nuestra cultura de otra manera.

¿Dónde más encontramos nuestro pasado? En las crónicas, en los poemas y manuscritos en general. Otra perspectiva de la historia. Un mismo suceso, pero visto desde diferentes ángulos.
¿Y por qué no?, la música también es evidencia así como las artes escénicas.
Hay que ver que, en su tiempo, muchas canciones y obras fueron censuradas por su contenido violento o sexual, explicito.
Escribir estas líneas sobre prohibición me hizo recordar que, en los primeros años de los libros de texto gratuito no podían publicarse temas con respecto a la educación sexual, esto por influencia de la religión para con el gobierno. Después, eso cambió, pues era (y es) importante que los jóvenes tengan conocimiento sobre educación de reproducción sexual, como el cuidado de su pareja, el propio y las famosas ETS. La mentalidad de ese entonces era muy distinta a la que poseemos hoy en día.

Puedo agregar también que los objetos de nuestro entorno forman parte del pretérito. Asociado a la música, las consolas y los LP; pasando por los kct’s hasta llegar al CD, y hasta hoy los más utilizados: iPods.

Los teléfonos por ejemplo, también evidencian la evolución de la telecomunicación, así como, por supuesto, la televisión y los medios impresos. Y qué decir de Internet, una herramienta básica para nuestra educación, pero también, para el ocio y la falta de interés por otras cosas más importantes. En cuanto a lo que mencioné de que los manuscritos son importantes para la formación de nuestra historia, hoy día, los espacios cibernéticos han dominado el terreno, pero ya no como manuscritos, sino como “blogs”. Aunque algunos digan que publican pura “tarugada”, no dejan de ser parte de la visión de nuestra época.

Si la historia nacional se divide en etapas, las estudiamos y analizamos como podemos recordar nuestras etapas de la vida: niñez, adolescencia, juventud, adulto y tercera edad viéndose siempre afectada, por el entorno político, económico y social.

Antes de finalizar, quiero añadir que, a pesar de todo lo que mencioné como parte de la arquitectura del pasado, hay un elemento muy importante, que considero, es la parte esencial, que sin ésta, no existiría la historia: nosotros.
Todos y cada uno de nosotros somos historia… nuestra propia historia, la cual vamos formando con lo que hacemos, decimos y pensamos. También, claro ésta se va escribiendo con quienes nos rodean: amigos, familiares y desconocidos, junto con su idolatría. Bien se dice que la vida es como un libro, y a cada instante que pasa, vamos escribiendo en sus páginas.

Sea bien dicho que la historia regional, nacional y mundial no se centra únicamente en los libros de texto. La historia está en todas partes.
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