Mundo de juguete


Últimamente he estado careciendo de ideas. Por ello nada me ha motivado a escribir una nueva entrada para el post. Sólo que al ver la entrada nueva de CoffeeBreak, sobre la película “Toy Story 3”, me hizo pensar en mis juguetes arrumbados al fondo del armario: si en verdad tuvieran vida como los de la película, y si yo fuera uno de mis peluches, o Barbies, o el juego de té “Miss Claudia. Tea party set”, seguramente hubiera caído en una terrible depresión y en una posible enfermedad ocasionada por el polvo acumulado; una capa extra a mi cuerpo que me opaca, y me hace recordar que he sido abandonada.
De repente, me una sensación de angustia se apoderó de mí. “Pobres juguetes… todos ahí arrumbados”. Uno a uno, fueron saliendo del clóset… no, ninguno es gay. Jeje, bueno, saben a lo que me refiero.
Las cajas de las Barbies llenas de polvo, el cual logró colarse por algunas roturas de la caja. No sé por qué, pero sentí que era necesario que, aunque todas sean de la familia “Barbie”, ninguna lleva ese nombre… nunca me gustó. Todas tienen su propio nombre. Recuerdo que hasta tenían apellido. Tal vez suene enfermo, pero así fue. Ahora, no recuerdo el nombre de todas, y si no lo recuerdo, les pongo otro.
Lo mismo sucedió con los peluches. Algunos llevan el nombre de lo que son (el toro de Barcelona se llama “Torito”… muy original), así como mi primer osito de peluche: Yogui (otra vez, qué nombre tan original). Recuerdo que este personaje me acompaña a todas partes. Y ha sido el único que ha viajado a la playa. Una vez casi lo olvido en el restaurante del hotel. No recuerdo quién lo rescató en realidad, pero me gusta pensar en que lo hizo el cocinero que me preparaba hot cakes en forma de Mickey Mouse (no me gusta este personaje, pero los hot cakes sí).
Yogui siempre me acompaña a todas partes… o mejor decir: lo jalaba conmigo a todos lados. Como Woody con Andy, Yogui conmigo.
Cuando era Navidad, en el último día de clases nos decían que lleváramos nuestro juguete preferido. ¡Ni madres!, llevaba uno que no me importaba si algo le llegaba a suceder (rota una pierna, un brazo o extravío)... por ello Yogui nunca fue a la escuela.
Ahora, todos mis peluches y “Barbies” se han apoderado de mi cama y mi sillón. Ahora estoy haciendo una selección de los que podrán ser donados para que algún niño o niña juegue con ellos… preferible a que estén ahí inmóviles, empolvándose y llenándose de ácaros.
Ahora me doy cuenta de que he escrito una nueva entrada. Espero que les haya sido de su agrado. Y si aún conservan juguetes dentro de un baúl o armario… sáquenlos. Posiblemente ante esta idea, se nieguen rotundamente porque no querrán ensuciarse de tierra y porque les dará hueva guardarlos después… pero créanme. Valdrá la pena. Luego me dicen qué tantas imágenes del pasado asaltaron su día.
Como ahora, que he recordado a una muñeca de trapo, con medias rayadas y una cabeza enorme… no recuerdo qué pasó con ella. Me dio tristeza no volver a verla, pero aún me quedan juguetes que inundan mi cuarto de momentos agradables, llenos de alegría y ternura.
¡Oh, benditos los juguetes!

Comentarios

  1. Precisamente esa sensación me invadió cuando terminé de ver la película ¿Donde dejé todas mis barbies? tenía muchísimas y muchísimos más juguetes pero yo sí los regalé todos, no me quedé con ninguno y me dió un poco de tristeza... si Dios quiere cuando tenga mis hijos yo misma voy a guardarles sus juguetes!!

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  2. gracias por tu comentario ana. saludos!!!

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  3. Snif, yo tenía unos cuantos monitos preferidos, era un mikeý que viajaba conmigo a dondequiera y era el héroe de todas las broncas que me inventaba en mis juegos, y también había un trivilin, como se escriba, que por lo regular era el villano, pero el villano preferido al fin y al cabo. A veces eran los más grandes amigos en otra aventura.

    Lo peor es que no sé donde rayos estén, tal vez sí existan aún y estén guardados, pero hace mucho que no los veo...

    Buen post, creo que ahora que lo pienso debí haber escrito algo de esa peli.

    Saludos!!

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  4. Recuerdo que, bueno, estaba chiquita, sentìa que, como en la pelìcula, sì tenìan vida y podìan escuchar y entender todo lo que decìa. Los peluches eran mis amigos. Y mi hermana decìa que estaba loca x hablar con ellos...

    Mmm, en realidad no lo sè, pero me gustaba. Luego, dejè de hacerlo. Ahora hablo con mi perro... jaja

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