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domingo, 25 de abril de 2010

Infinitamente abstracto

La gente pasa. Se queda atrás y no existe más. En un parpadeo, muchas caras. Al siguiente, nada… desaparecen.

En el museo, un constante martilleo. Imágenes alrededor y en el suelo. Figuras extravagantes en hierro, que me dicen tanto, y a la vez, nada. ¿No entiendo o no quiero entender?

Me alejo para apreciarlas mejor. Armonía en los colores… casi perfección. He entrado para salir.

Me atrapo en mi cuerpo, en un punto, mientras la gente recorre la sala, apresurada, acalorada, extasiada de la fiesta. No desean formar parte del lugar, ahí… ¿llevan prisa? Están aburridas.
No existió la tierra de arena. Me desplacé por las geografías de luz. ¿Qué son las geografías de luz? ¿Son esas abstracciones que se proyectan frente a mi mirada, o es la gente que anda enfrente, por detrás y a un lado de mí? ¿Esa gente que no ha sabido qué hacer, y aprovecha (o malgasta) su tiempo recorriendo el museo? ¿Tiempo? ¿Museo? ¿Tiempo en el museo?

El tiempo se congela. El ruido calienta. Pero yo ya me fui, ya no estoy aquí, en la sala. El silencio me envuelve, me atrapa en caricias, rogándome porque me quede aquí… pero no puedo. Alguien me espera. ¿Quién me espera? Nadie. ¿Entonces a dónde quiero ir? ¿Quiero ir? ¿Ir? ¿Irme o venir? No, ya estoy lejos. Tendría que regresar para irme. ¿Regresar? ¿Què demonios significa eso? Pienso… irme. ¿Irme a dónde? ¿Hay un “dónde”?
Sólo no quedarme petrificada para que la geografía de luz no me devore. Geografía, luz… me hace pensar en más allá. ¿Hay un “más allá”? (masallà, se pierde el primer acento) ¿Qué es un masallà?... ¿Infinito?
Pensar en infinito me provoca náuseas.

Subo las escaleras. La gente no escucha y se marcha, apenas echando un ojo, distante porque no quiere entender. La gente ve con los ojos; en realidad, no ve nada.
Mis ojos se clavan en algún punto, mucho tiempo (¿en verdad es mucho tiempo?), mientras que miles de pares de ojos pasan por encima de los míos.
La gente va y viene… ¿va y viene? Va, ir… ¿irse? Venir, viene… ¿viene? ¿Son coincidencias? ¿Por qué están aquí?
¿Están aquí?
¿Las imagino? Imaginación, imaginación... imagino en el infinito… ¡maldición!, otra vez el nauseabundo infinito.
Me cruzo con sus gestos distraídos, y luego… ya no están.
Salgo, y entro a la cotidianidad.

Los bailarines de la plaza principal bajo el ardiente sol.
Los aparadores vivientes en el crucero peligroso.
Las ceremonias religiosas se escuchan hasta las banquetas.
La fruta huele a fresca; la niña escupe las semillas.

La gente pasa. Se queda atrás y no existe más. En un parpadeo, muchas caras. Al siguiente, nada. Son fugaces; son instantáneas.
Son sucesos extraordinarios, insólitos, inesperados.

Estoy de vuelta… de vuelta al mundo. Por eso me doy cuenta.

2 comentarios:

  1. Muy bien. Muy bien.

    No hay más qué decir.

    ResponderEliminar
  2. El texto por él mismo es muy bueno, pero cuando lo lees, le das aún más brillo a las palabras ¡me gusta!

    ResponderEliminar

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