De las noches estrelladas

Recuerdo aquellos días en los cuales no dejaba de mirar las estrellas.

Con el paso del tiempo, la ciudad ha crecido en cuanto a población; por ello, hay más tráfico, más contaminación, y ahora, cada que miro al cielo, pareciera que veo menos estrellas: ¿será acaso que la cortina de suciedad me impide verlas más?


Disfrutaba mirar a la “oscura cúpula celeste” cuando vivía en casa de mis abuelos, junto con mi hermana. Nos acostábamos en el pasto a unir aquellos diminutos diamantes con hilos plateados, para crear seres mitológicos y fantásticos.
Deseábamos un telescopio; rogábamos porque nos regalaran uno, pero eso nunca sucedió. A lo más que llegamos fue a unos binoculares viejos que mi madre utilizaba en su juventud.

Entre la inmensidad de puntitos brillantes de arriba, me daba la curiosidad de saber sobre aquella estrella roja que vislumbraba en la lejanía. “Es Marte”, me decía mi hermana… el planeta rojo: mi favorito.

Después, llegaba el tío Hugo a enseñarnos sobre las constelaciones, y las señalaba con la punta
de su dedo índice. Y en una Navidad, nos regaló un paquete con esas estrellitas de plástico que brillan en la oscuridad. Y en la parte posterior del empaque, venían mal impresas las constelaciones… y digo mal impresas, porque se perdían los nombres de esas constelaciones .
Aùn conservo esas cosas fluorescentes, y están pegadas con plastilina en el techo de mi habitación. Pero ello no puede compararse con salir a la calle y alzar la mirada 90º grados.

En la azotea, desde el atardecer hasta muy entrada la noche, me recostaba sobre alguna cobija vieja, y me sumergia con o sin ayuda de los binoculares, en el infinito mar celestial.

Además de las estrellas, apreciaba mejor las manchas de la luna, y tan lustrosa algunas noches, que hasta ganas me daban de ir alto, tan alto hasta llegar allá, a aquella enorme pelotota que alumbra el callejón del triste gato viudo.

Por desgracia ahora, vivimos deprisa; andamos de un lado a otro con tantas ocupaciones y preocupaciones en la cabeza, que apenas tenemos tiempo de mirar y contemplar lo que hay sobre nosotros.

Hay que tomarnos un respiro de vez en cuando. No olvidar deleitarnos con la creación ajena al humano.
Desde abajo, puedes tocarlas, desaparecerlas al cerrar el puño; dibujarlas a tu antojo…
Ahí están, ante nuestros ojos, para admirarlas… imaginarlas.
Toma un respiro… tranquilízate… y mira hacia arriba.

Comentarios

  1. Como dirían en " El Rey León" :

    "Los grandes reyes del pasado nos observan desde las estrellas."

    asi que es bonito mirar las estrellas,
    es hermoso quererlas alcanzar,
    pero es mejor llegar a ellas,
    o convertirse en una.

    saludos amiguita :)
    ile

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  2. So sweet.....

    Gustavo

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