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jueves, 28 de enero de 2010

Encuentros con una nariz (borrador) (taller de literatura eròtica)


No hay nada como mirar… observar detenidamente. Nos topamos con objetos tan cotidianos, los cuales forman parte de nuestra existencia, y que fácilmente recordamos por su textura o color. Pero nunca por su olor.
Lo que hoy vengo a contarles, es el encuentro que tuvo una nariz con objetos que estaban a su alcance, con los que más convivía, volviéndose parte de sí, como lo son los hermanos y hermanas. Por ser una nariz, sólo puede guiarse con los olores… solo así puede percibir el mundo.

La nariz estaba decidida a prestar más atención para desarrollar su sentido ya que, aún valiéndose sólo de éste para ser ella, siempre está acompañada de los ojos, la lengua y el oído. Pero en esta ocasión se atrevió a aventurarse sola, apartándose de los demás sentidos.

Se acomodó sobre el colchón matrimonial para trabajar a gusto. Le pidió ayuda a los “gemelos” ojos, y a su amigo íntimo, el tacto para que le pusieran enfrente distintas cosas materiales que se encontraban en aquella habitación desordenada, en una apacible noche de invierno.

Acompañada de los gemelos y el tacto, fue inevitable no saber qué objetos le habían acercado. En un principio, le costaba trabajo concentrarse, ya que el pensamiento, junto con el recuerdo, se estaban entrometiendo. Se daba cuenta de lo mucho que estaba relacionada con ellos, pero era momento de actuar por sí misma. “Déjenme sola”, era lo único que podía decirles con ayuda de su mejor amiga, la boca.

Pidió a los gemelos que se alejaran, que aunque fuera de noche, se mantuvieran cerrados, ya que alcanzaban a ver ligeramente con ayuda de la luz del arbotante… más adelante les pediría su colaboración. Y fue entonces cuando se puso a trabajar. El pensamiento trataba de ayudarla: “sentir con el olfato… sentir con los olores”.

Se acercó lentamente al primer objeto. Las manos le ayudaron a sostenerlo. “Textil. Un bolso”. Las manos le llevaron el mensaje al pensamiento. “No es necesario que trabajen ahora… déjenmelo a mí”, decía la boca, trasmitiendo el mensaje de la nariz, quien procuraba no depender de su amiga, ya que también el pensamiento se estaba infiltrando, y no llegaría a conocer, al menos no todo, algo de su potencial.

El olor no era del todo desagradable; mezcla a petróleo con… con algo dulce. Al rozar el bolso, la nariz sintió un ligero cosquilleo, por el tipo de material. Recorrió todos sus rincones, yendo del exterior al interior. Su aroma se mezclaba con el de las manos que se encontraban cerca: se habían bañado en colonia de tocador. “Concéntrate”, le decía el pensamiento.
Se dio cuenta de que el olor de la bolsa no era tan poderoso ni exuberante. Tuvo que apartarse de ella y pasar al siguiente objeto. Las manos le ayudaron a abrirlo para que pudiera andar por su centro sin complicaciones. Su olor no era del todo agradable: como a sótano, a algo viejo… como a rancio, o parecido al vinagre. Los ojos reaccionaron y el pensamiento no pudo evitarlo: un cuaderno de hace más de una década.

A pesar de la descripción de ese olor, la nariz no se apartaba con repugnancia del objeto, al contrario: podía seguir recorriendo cada página de su cuerpo. Había momentos en que el aroma resultaba agradable, y en otros en los que le pedía a las manos que cambiaran la hoja.
Su tercer encuentro fue de lo más sublime: el olor resultaba tan dulce y exótico; suave y encantador. “Es la crema que usa la piel”, le dijo el pensamiento, agregando: “Lo sexy que ha de ser para otra nariz oler y sentir este aroma”. Por esta razón, la nariz estaba tan familiarizada con este olor que no le resultó ser tan estimulante, y no hacia ningún esfuerzo por concentrarse. “La costumbre”. Y se reprochó por esto.

Hubo una gran conexión entre el cuarto objeto de su aventura y ella.
Iba reconociendo su aroma poco a poco, en un viaje casi sensual, que no pudo evitar estremecerse, estimulando al pensamiento y haciendo que el recuerdo divagara, mezclándose con el aroma del tabaco que, estando ausente, con ayuda del recuerdo, hizo sentirlo nuevamente. Con ayuda del tacto, supo que el objeto era frío. Volvió a estremecerse: tenía un fuerte vínculo con aquel objeto. Se deslizó a lo largo de éste, desde el pabellón hasta la boquilla, pasando entre sus llaves en un movimiento lento. Dejó de sentir el frío del metal; la fantasía y el calor se mezclaban y los ojos lo revelaron: un saxofón.

Concluyó su labor dirigiéndose a la ropa interior. El calzón no olía por sí solo, era el aroma de quien lo usaba: la dueña de todos aquellos objetos, así como dueña de todos esos sentidos.
A pesar de haber estado sobre su intimidad, el aroma de ella en el calzón se mezclaba con el del jabón. Pero había un punto en aquella prenda en la que su olor se concentraba: en el centro de su deseo. Si, ahora el deseo pedía a gritos que una nariz ajena, la nariz del ser amado estuviera en aquel encuentro, no sólo recorriendo y explorando aquella ropa interior, sino todos los rincones de su cuerpo desnudo.

Anhelaba sentir el aroma de su amante de pies a cabeza, perderse en él y alejarse de la razón para volverse uno solo. Solo ellos en ese cuarto… en esa noche… en esa cama.

A punto de retirarse, un nuevo aroma llegó a la nariz. Sabía perfectamente que aquel aroma era producto del recuerdo ya que, literalmente, ese olor, siendo más exactos, ese perfume no se encontraba ahí. Pertenecía a alguien más… a alguien que no se encontraba en ese momento, ni en ese cuarto. La nariz tuvo que apartarse: el recuerdo se apoderó del tiempo y del espacio, impidiéndole continuar.

Hay ocasiones en las que recordamos con más facilidad por los olores: tal vez no recordemos el nombre de una persona, pero sí la recordamos por la fragancia que usaba en esa ocasión.
La percepción de nuestro entorno no sólo está en lo que vemos, sino también en lo que olemos.

El pensamiento convenció a la nariz de ir a descansar. Y quedó satisfecha.




NOTA: una vez terminado este texto, favor de expresar si hubo algùn sentimiento de su parte al leer estas lìneas, y si fue asì, ¿què sintieron?

Tambièn agreguen comentarios con respecto a la redacciòn, la originalidad, ademàs de otros puntos que deseen agregar. Muchas gracias.
Pd. Pueden enviarlo a mi correo, como algunos prefieren... gracias.

1 comentario:

  1. Haré comentarios sobre la forma pero no aquí. Es interesante y sí, hay que devolverle su lugar a la nariz.

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