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lunes, 25 de mayo de 2009

sOLyLunA

Andaba por afuera de mi casa, y el cielo estaba nublado, como si el preludio de la noche fuera a llegar. Miré a mi derecha, y el sol se encontraba tras una densa nube. Y al mirar al otro lado, la luna llena... sin dejar de mirar al sol.
El cielo se cubrió con un manto oscuro destrellado… y el sol y la luna permanecían inmòviles en su sitio.
El astro rey no quemaba y podía admirarse como a la luna, hermosa blanca que comenzó a cantar.
Cantaba la lunera tan melódicamente, que hasta el calazero de cinco cuadras más adelante, comenzó a arrullarse.
Don Pancho, el señor antifelicidad cerró su tiendita abarrotera de un cortinazo. Se volvió un examante del amor.
El amor del sol y la luna podía escucharse por toda la delegación.
Hasta la gente de la botonería de don Gurrumino salió sorprendida a la calle, mirando al cielo y embriagadamente se volvieron abrazadores. En lugar de botonería, parecía que se trataba de una abrazaderìa.
Y la noche se volvió felizadora… y desde entonces, cada noche es igual… o mejor decir, ya no llega el día ni cae la noche. El tiempo no transcurre con el suave ritual del sol y la luna, amantes en la inmensidad celestial.
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