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martes, 13 de enero de 2009

tOrOs si tOrErOs NO

“Oiga, aquí huele a mierda. ¿Como dice usted? Que aquí huele a mierda. Pues yo no huelo nada. Usted no huele nada porque su nariz ya se ha hecho a la mierda”.


Recuerdo haber leído un libro acerca de la anti-tauromaquia. Visité sitios en Internet donde encontré asociaciones de este tipo. No me atreví siquiera a mirar las fotos, aunque más adelante tuve que hacerlo en otro libro referente al tema.
No es posible que la gente amante de la “fiesta brava” dé dinero por ver morir a un indefenso, manso y bello animal: el toro.
Evidentemente, los toreros son las bestias, no los toros. Los toreros son salvajes, inhumanos e incultos.
Además de fiesta, lo consideran un arte. ¿De dónde se sacó esa absurda idea? El toreo no es arte. Si acudimos a la definición de “arte”, nos daremos cuenta de que incluye la palabra “crear” o “creación”. El torero no crea, destruye.
“...no existe en los toreros ninguna intención artística o de expresar ningún sentimiento, limitándose a ser una macabra artesanía”.

También me parece estùpida la idea de una novillada o corrida en honor a algún santo. ¿Derramar sangre como ofrenda? La religión, por un lado, defiende a los toros y prohíbe que sea martirizado, pues es un animal, “creación del Señor, donde hombres y bestias viven en armonía”; y por el lado contrario: sacerdotes, curas, padres y demás mensajeros de Dios, andan bendiciendo los capotes y las espadas (y pensar que anteriores Papas excomulgaron las corridas), e incluso, en la mayoría de las plazas de toros, cuentan con capillas con vírgenes, santos, cristos y todo la cosa para que los toreros recen, pidan, oren, etc., salir del ruedo ilesos y triunfadores. ¿La religión prohíbe o no prohíbe entonces? Por lo visto, no le importa.

Pero eso no es lo principal de la miseria. Lo peor de lo que me he enterado por diversas fuentes, ha sido sobre el “tratamiento” que le hacen al toro antes de salir al “matadero”, y sólo por nombrar algunas, como untarles vaselina en los ojos para nublarles la visión, golpearlos con costales grandes y pesados para debilitarlo, limarle o cortarle la punta de los pitones, echarle thinner en sus patas para que no se quede quieto y sales de epson para inducir diarrea severa.
Alguien a quien conozco me dijo que actualmente este “tratamiento” ya no se hace. Tal vez en otro tiempo fue, pero que ahora al toro lo dejan intacto. No le creo.
El toro, así como todos los animales sobre la faz de la tierra, tienen sus derechos y sienten como nosotros, porque existe gente ignorante que dice que no es así, que el toro no siente nada por ser un animal, una bestia que sale al ruedo “furiosa, deseando matar” (a mi me dan ganas de golpear a quien lo dice), cuando en realidad está asustada y busca desesperadamente una salida. Gente ignorante y salvaje que no le importa otra cosa más que ver sangre y sufrir al toro.
“Más tontos no hay entre los humanos; porque dan dinero por ver la miseria, la sangre y estiércol de la inmunda feria. Entran a la plaza ya cretinizados y salen más bestias que habían entrado”.

El toreo es una salvajada, una lucha desequilibrada entre dos bestias. “”El toro sale a pelear indefenso, mientras que los toreros tienen espada, banderillas, cuchillos, una capa, ayudantes, picadores, conocen el campo de juego y tienen el publico a su favor...”.

Este asunto es para reflexionar, y más para aquellos que gustan de las corridas; cultivarlos y el poder hacer algo por los toros y los caballos, utilizados por el rejoneador…. ¡otra infame salvajada! ¡Alto, alto a su sufrimiento!

“Nadie tiene derecho a gozar haciendo sufrir a los animales. Nadie tiene derecho a convertir en espectáculo festivo y moral la muerte de un toro”.

Y espero que un día podamos gritar: ¡el toreo ha muerto: que vivan los toros!




BIBLIOGRAFÌA


LIBROS

Del Río, Eduardo, Toros sí, toreros no, México, ed. Grijalbo, 2001, pp. 111
Vicent, Manuel, Antitauromaquia, España, ed. Aguilar, 2001, pp. 198

ARTÌCULO

Molina, Carlos, “El placer de dañar” en The kidStar Magazine 1ª edición, USA, 1998, pp. 1-14

lunes, 12 de enero de 2009

¿Estamos listos para MORIR?

¿Sólo vivimos para morir y no para vivir?

El otro día me encontraba en uno de los varios cafés que hay en Expoplaza, platicando con un amigo. Llegó en la conversación el tema de las enfermedades terminales. Tal vez no con las palabras exactas, pero me dijo algo así como “Si yo fuera a morirme, no me importaría, porque creo que he hecho muchas cosas, he conocido muchas lugares y gente, y ya no me falta más”. Demostró satisfacción por lo que ha realizado hasta hoy, a sus 24 años de edad. Pareciera que está listo para enfrentar a la muerte. Y posiblemente habrá alguien quien comparta con él esta idea de que ha hecho todo lo que quería, y no le falta nada. Pero, ¿realmente estamos preparados para ese momento? ¿Estamos listos para aceptar la muerte?
“Si tuvieran que operarme, diría que no, ¿ya para qué? (se quedó pensando). Aunque no, tal vez a la mera hora sí acepte la operación”.
Si tuvieras una enfermedad terminal, o simplemente supieras que vas a morir pronto, piensa en todo lo que has hecho hasta este día.
¿Estás satisfecho? ¿Te faltan cosas por hacer? Pues nunca es tarde para comenzar o continuar proyectos pendientes.

¿No hay varios autores que dicen que cada día hay que vivirlo como si fuera el último? Creo que tienen razón. La muerte es un acto impredecible; ni aún si sabes que vas a morir, porque no tienes la hora, día ni el lugar exactos de su ocurrencia.

No se trata aquí de saber si realmente estamos preparados para hacerle cara a “la huesuda”, sino el saber si hemos hecho todo lo que anhelamos, todo lo que quisimos; si hemos vivido y disfrutado realmente nuestra existencia o inconscientemente decidimos morir día a día …
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